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¿Amazonas más sustentable? ¡Descubre cómo!

Respira profundo.

Es muy probable que algunas de las moléculas de oxígeno que acabas de inhalar hayan venido de la selva amazónica. En realidad, puedes encontrar rastros del Amazonas por todas partes en América del Norte, Europa y otros lugares, desde las nubes y el rocío de la mañana hasta en la lluvia y la temperatura del aire.

Por asombroso que parezca, ya no debiera ser noticia para nadie. Hace décadas que sabemos cuán importante es la selva tropical para sostener la vida en la Tierra. Sin embargo, aunque el índice de deforestación en el Amazonas ha disminuido en sentido general desde que alcanzó su punto máximo por última vez en 2004, en 2015 aumentó en un 16% y cobró unos 5,831 kilómetros cuadrados (casi la mitad del área de Los Ángeles). Al parecer, las recompensas a corto plazo que promete la deforestación siguen presentando un desafío a las nociones abstractas de la biodiversidad y la sostenibilidad a largo plazo.

Pero una iniciativa con base en el estado brasileño de Amazonas espera cambiar ese cálculo al unir el desarrollo económico con la preservación del medioambiente.

“La idea es hacer que la selva tenga más valor estando en pie que cuando se tala”, dijo Virgilio Viana, Superintendente General de la Fundación para un Amazonas Sostenible (Fundação Amazonas Sustentável, o FAS, por sus siglas en portugués), una organización no gubernamental que trabaja con las comunidades ribereñas de Amazonas. “Una de las maneras es aumentar el valor de los productos que pueden cosecharse de forma sostenible.”

Una alianza innovadora entre FAS, el gobierno del estado de Amazonas y Marriott International Inc. espera encontrar las semillas de la sostenibilidad en un programa experimental que estimula a las comunidades indígenas de la Reserva de Juma, en lo profundo de la selva amazónica noroeste, a cosechar y vender nueces de Brasil a hoteles de lujo que se encuentran a más de tres mil kilómetros de distancia, en Sao Pablo y Río de Janeiro. El programa tiene como objetivo proporcionar incentivos económicos para que los agricultores se conviertan en aliados en el terreno que puedan ayudar a defender la selva de los madereros, mineros y ganaderos ilegales en áreas protegidas, pero remotas, donde mantener control y hacer cumplir la ley es algo difícil o poco frecuente.

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El nogal brasileño, Bertholletia excelsa, se encuentra entre los árboles más altos del Amazonas. Fuente: mauroguanandi/Flickr

Administradores de la sostenibilidad

A primera vista, el concepto de cultivar la selva puede parecer contrario a su conservación. Si bien es posible sobreexplotar los recursos forestales, los programas que recurren específicamente al apoyo de las comunidades locales han dado lugar a prácticas agrícolas más sostenibles, según varios estudios recientes en la amazonia peruana, el Himalaya en la India y las sabanas de África occidental. En algunos casos, como el enorme pez pirarucú, oriundo del río Amazonas, las poblaciones de la flora y la fauna incluso mejoran.

A cambio de asegurar la tenencia de la tierra o los derechos de cosecha, los agricultores locales también ayudan a controlar el desmonte y la extracción ilegal por parte de “grileiros” inescrupulosos que se apoderan ilegalmente de la tierra en la amazonia brasileña.

Como resultado, las nueces de Brasil son el producto ideal para ser cosecharse de forma sostenible.

“Las nueces de Brasil solo pueden crecer en una selva virgen y saludable”, señaló Mark Moroge, director de un programa de Rainforest Alliance(Alianza de la Selva Tropical) quien supervisa un esfuerzo similar para cosechar y vender nueces brasileras en Perú. “Si no se tiene un ecosistema vibrante de selva tropical, no habrá nueces de Brasil.”

Las nueces de Brasil provienen de la Bertholletia excelsa, un majestuoso árbol del Amazonas que vive durante cientos de años y que alcanza más de 48 metros de alto, casi la altura de un edificio de 16 plantas. Las nueces como tal crecen en racimos dentro de unas frutas grandes del tamaño de un coco y que pesan hasta más de 2 kilogramos. Los recolectores caminan por la selva con cestas grandes amarradas a sus espaldas, atentos a las frutas que producen nueces, tanto a las que ya están en el suelo como a las que caen desde arriba, que al caer pueden alcanzar una velocidad de hasta 80 kilómetros por hora. Aunque existen plantaciones de nueces de Brasil, la mayoría de estas nueces gigantes provienen de la selva, donde se encuentran los árboles más viejos, más grandes y, por consiguiente, más productivos.

“No se puede vivir de las nueces de Brasil sin ser un buen administrador de la selva”, dijo Moroge. “Es uno de los ejemplos más claros de desarrollo sostenible.”

“Proteína feliz”

Las ventas de nueces de Brasil se han visto impulsadas por dos tendencias entre los consumidores: una mayor demanda de alimentos ricos en proteínas y a base de plantas, y un enfoque más consciente en la compra de productos ecológicos. Ahora hay un tercer impulso: el selenio.

Un estudio realizado en 2014 y publicado en The Journal of Nutrition (Revista de nutrición) encontró que existe una relación entre los niveles inadecuados de selenio y la depresión entre los adultos jóvenes. Otro artículo publicado en la revista médica Lancet en 2000 concluyó que el selenio desempeña un papel crítico como antioxidante para ayudar a evitar infecciones y el cáncer. Y un artículo de la revista Human Reproduction (Reproducción humana) de la Universidad de Oxford reportó una correlación estadísticamente significativa entre el selenio y un alto conteo de espermatozoides en un estudio realizado en 257 hombres.

“Nos gusta llamarle la proteína feliz” dijo Viana, de FAS. Una onza de nueces de Brasil, de seis a ocho nueces aproximadamente, contiene 4 gramos de proteína y 544 microgramos de selenio, más de siete vece la cantidad diaria recomendada.

Estos tres factores: la popularidad de dietas ricas en proteína, la preferencia por alimentos cosechados de manera sostenible y los beneficios del selenio, contribuyeron a un crecimiento anual del 8.8% en la venta por volumen de nueces de Brasil a nivel mundial entre 2007 y 2014, según la firma investigadora del mercado IndexBox.

De la selva a la mesa

Llevar las nueces del bosque amazónico a la mesa parece muy fácil, pero no es tan sencillo. Las comunidades deben organizarse para recolectar nueces a una escala de venta comercial. Las nueces deben extraerse de las vainas y secarse. Luego se necesita considerar el asunto del transporte. Muchas comunidades que recolectan nueces viven en áreas remotas que requieren horas de viaje en bote solo para llegar a las áreas urbanas más cercanas, lo que agrega costos a la distribución. Se necesita encontrar compradores y eso requiere empaque y mercadeo. Dicho con otras palabras, la FAS necesitaba un socio corporativo.

La organización encontró ese socio en Marriott, que tiene 4,500 propiedades en 87 países y territorios, entre ellos, 10 hoteles en Brasil. Los ejecutivos de Marriott se lanzaron de a lleno y conectaron a FAS con Federal Express para ayudar con el transporte, incluyeron los frutos secos como ingredientes en platos que se sirven en su hotel en Sao Pablo, y discutieron ideas sobre el empaque y las posibilidades de comercialización para vender a los huéspedes.

Esos esfuerzos están comenzando a dar fruto. Desde 2008, cuando comenzó esta alianza, hasta 2013, el precio de las nueces de Brasil que venden los recolectores locales del programa se ha cuadriplicado, gracias a la mejora en la calidad, el empaque y la distribución, según un informe interno de Marriott. La cadena hotelera ha sido uno de los principales compradores de las nueces y las vende en las tiendas de los hoteles en Brasil y las incluye en platos que se preparan en sus restaurantes.

“Los huéspedes prestan verdadera atención cuando uno habla del Amazonas”, dijo Gil Zanchi, Gerente General del hotel Renaissance en Sao Pablo. “Tenemos ‘exploradores’ en nuestros hoteles que tratan de instruir e informar a los huéspedes sobre la comunidad local. Ellos pueden decirles a los huéspedes qué tiene de especial la nuez brasileña, de dónde viene y su relación con el Amazonas. Esto aporta a nuestros huéspedes una historia que pueden contar a otras personas a su regreso y así ayudar a difundir la información.”

El panorama general

El programa de la nuez de Brasil es parte de un esfuerzo mucho mayor entre FAS y Marriott, que ha contribuido con más de $2 millones de dólares desde 2008 para ayudar a preservar la selva tropical, específicamente la Reserva de Juma, una franja de 5879.2 kilómetros cuadrados al noroeste del Amazonas.

Juma, el hogar de más de 2 mil personas en 38 comunidades, fue designada como reserva protegida por el estado brasileño de Amazonas en 2006. Desde entonces, Juma ha sido un hervidero de programas públicos y privados diseñados para encontrar formas de hacer que la selva tropical tenga más valor en pie que talada, como dijera Viana.

Uno de esos experimentos es un programa llamado Reducción de Emisiones por Deforestación y Degradación, o REDD, donde las áreas ricas en carbono almacenado, como la selva amazónica, pueden vender créditos de carbono a países que emiten carbono a la atmósfera. El dinero que se genera por la venta de dichos créditos se usa en la comunidad local para financiar programas de desarrollo educativo, social y económico dentro de la reserva.

En Juma, Marriott ha sido el principal patrocinador corporativo del proyecto REDD+, dirigido por FAS a nivel local. Los fondos aportados por Marriott se utilizaron para ayudar a construir una escuela de educación primaria y secundaria, para comprar equipos para la pesca y para procesar la nuez de Brasil, y para construir un centro de salud comunitario, entre otras cosas.

Sin duda, combatir la deforestación en el Amazonas requiere un esfuerzo incesante y un compromiso generacional; y programas como el REDD + de Juma, que es el primero de su tipo en Brasil, aún son incipientes. Un estudio publicado en la revista Forest Ecology and Management (Ecología y administración de la selva tropical) proyectó que la reserva de Juma será “eficaz en la reducción de las emisiones de carbono para el año 2050, pero la reducción sería sustancialmente menor que la que se calculó al comienzo del proyecto”. La designación de partes del Amazonas como reservas es como jugar al gato y al ratón, ya que la deforestación aparece fuera de las áreas protegidas.

Y mientras que los proyectos de REDD + se enfocan en las poblaciones indígenas que viven en la selva o cerca de esta y tienen menos probabilidades de participar en la deforestación, las entidades comerciales de fuera del Amazonas continúan contratando a ocupantes ilegales para talar bosques para la minería o el ganado.

“El mayor valor de Juma es que constituye un ejemplo para otros proyectos”, dijo Philip Fearnside, profesor del Instituto Nacional de Investigación del Amazonas, en Manaus, Brasil. “Es importante como un modelo para otros proyectos de REDD+. Como este es el primero, es importante que salga bien.”

Sin embargo, lo que sí está claro es el impacto que han tenido los programas en las tasas de deforestación dentro de la reserva, el 96% de la cual ha permanecido cubierta de bosques, lo mismo que cuando comenzó el programa. Los programas también han mejorado el bienestar de esas comunidades indígenas, muchas de las cuales se han comprometido a denunciar actividades de deforestación. En una encuesta reciente realizada por FAS entre 160 familias de la reserva de Juma, el 89% dijo que sus medios de vida han mejorado desde que se comprometieron a lograr la deforestación cero, y a depender en cambio de productos que se pueden cosechar de forma sostenible, como las nueces de Brasil.

“No se trata solo de vender nueces”, dijo Viana. “Lo importante es que las nueces provienen de una selva tropical que está protegida y mediante negociaciones que son justas económicamente para los que viven en la selva.”

Sobre la autora: Alexandra es una escritora de negocios con sede en el sur de California, donde se mantiene atenta a las tendencias del mercado, la tecnología y los medios. Ha escrito para numerosas publicaciones, incluidas USA Today y Forbes. Cuando no juega Minecraft con su hijo, le gusta echar un vistazo a las hojas de cálculo para ver qué historias interesantes pudieran contar los números.